Listen and click on the missing word

Soy un gnomo
y aquí en el bosque soy feliz.
Bajo un árbol vivo yo
junto a su raíz.
Soy un gnomo
y simplemente con mirar
todo lo que piensas tú
podré adivinar.
Soy siete veces más fuerte que tú,
muy veloz
y siempre estoy de buen humor.
Soy un gnomo,
el más anciano del lugar.
Uso hierbas que yo sé que pueden curar.
Soy un gnomo
muy diminuto y bonachón.
Si me quieres conocer pon mucha atención.
Evitando a los enemigos,
a los trolls y a las mofetas.
Con mi gorro y con mi zorro
voy corriendo de aquí para allá.
Ten cuidado, no me pises
si es que estás cogiendo setas.
No sea que cometas una barbaridad.
Soy siete veces más fuerte que tú,
muy veloz
y siempre estoy de buen humor.
Episodio primero: David, el Gnomo.
El mundo en que vive el hombre está lleno de cosas bellas,
de maravillas naturales y también de algunos secretos.
El más bien guardado hasta hoy ha sido el secreto de nuestra existencia:
la vida de los gnomos.
Aunque seguimos caminos distintos, los gnomos compartimos la tierra con vosotros.
La verdad es que la mayor parte de lo que hacéis no logramos entenderlo.
¿Queréis algunos ejemplos?
Os gusta estar apretados, inventar máquinas para moveros
y luego estar la mayor parte del tiempo quietos.
Os dedicáis a prohibir, prohibir y prohibir.
No cesáis de producir basuras para adornar la naturaleza.
Con lo bien que está como está.
Os encanta hacer humo. Mucho humo. Humo.
Y también vivir juntos, muy juntos.
¿Qué os pasa? ¿Es que tenéis miedo?
Pero sobre todo os gusta destruir.
Destruir.
Destruir.
Érase una vez...
Así empiezan los cuentos.
Bueno, lo siento.
Hoy no podemos empezar así porque esto no es un cuento.
Es nada más y nada menos que el relato de la vida de los gnomos.
Desde el inteligente y hermético búho hasta las despiertas ardillas,
pasando por las traviesas nutrias, todos los animales conocen al dedillo la vida de los gnomos.
Y conocen su vida porque conviven con ellos y los ven a diario.
Puede que haya quien tenga dudas sobre los gnomos.
¡Qué ilusos!
Pero de igual manera que si no miráis atentamente
no acertaréis a ver un ciervo en el bosque,
con los gnomos sucede lo mismo.
Es posible que no nos veáis, pero estamos ahí, os lo aseguro.
¿Está bien el agua, cariño?
A la temperatura perfecta. Gracias.
Tenemos una visita.
Los recibiré aquí, en el baño.
Pasen, pasen. Están ustedes en su casa.
Hola, buenas noches. Yo soy David, hijo de Tim de Upsala.
Bienvenidos a nuestra casa, que ya es la vuestra también,
porque debéis ser muy buenos amigos de los gnomos.
De lo contrario no estaríais aquí.
Los gnomos conocemos muy bien al género humano.
Si miramos dentro de vuestros corazones, vemos con pena que nos tenéis celos.
¿Por qué?
¿Es porque vivimos en estas casas tan acogedoras,
seguras y tranquilas debajo de los árboles?
¿O porque no tenemos problemas de dinero y no conocemos lo que son las guerras?
Vamos, dormilones, despertaos de una vez, que estáis siempre durmiendo.
Como iba diciendo...
¿Será porque entendemos el lenguaje de los animales
y conocemos casi todos los secretos de este increíble planeta llamado Tierra?
A lo mejor es porque no tenemos coches ni teléfonos y rechazamos toda clase de violencia.
No, no creo que sea por eso.
A mí me parece que esos celos se deben
a que estáis convirtiendo este mundo en un desastre y nosotros no.
Pero no os desesperéis, aún estáis a tiempo.
Los gnomos os echaremos una mano.
Y con nuestra ayuda podréis evitar el desastre total.
Aquí tienes la toalla, David.
Gracias. Os enseñaremos a respetar y a amar todo lo que nos rodea.
Y para llegar a eso creo que es conveniente que conozcáis realmente cómo somos.
Primero os hablaré de los tipos que existen.
Empezaremos por el más común, el más extendido por todo el mundo:
el gnomo del bosque, que es el tipo al cual yo pertenezco.
Después tenemos el gnomo de las dunas.
Este es el que vive en los jardines.
Este otro es el de las granjas.
Este tan vivaz es el gnomo de la casa.
Hola. Adiós.
Y por último el siberiano.
Es el más alto de todos, mide 19 centímetros,
y es un poco adusto y difícil en sus relaciones sociales.
Ya veis que no os miento. No tienen solución. Siempre están del mismo humor.
Olvidémonos de ellos. Supongo que querréis saber más de nosotros, ¿no es así?
Una característica importante es el peso. El gnomo adulto llega a los 300 gramos.
Y nosotros entre 250 y 275 gramos, más o menos.
Los gnomos, hablo de los adultos naturalmente, medimos 15 centímetros,
sin contar con nuestro inseparable gorro.
En charlas sucesivas ya os contaré muchas más cosas sobre nuestra vida,
pero ahora quiero que conozcáis a mi familia.
Esta incansable y limpia ama de casa, que tiene ya 399 años
y que aún se conserva sana y guapísima, es mi esposa Lisa.
No es porque lo diga yo, pero hacemos muy buena pareja, ¿verdad?
Esta es Lisa de joven, cuando solo tenía 120 años,
con nuestros hijos Lily y Harold. Ahora ya son tatarabuelos.
Las madres gnomos, tras doce largos meses de embarazo, dan a luz siempre un par de gemelos.
Pueden ser dos niños, dos niñas o niño y niña, pero jamás podrán tener más descendencia.
Este es Swift, nuestro amigo zorro. Nos es absolutamente fiel